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jueves, 13 de julio de 2017

MACRI: RECONSTRUCCION O ABISMO?


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Por su insuficiente mayoría electoral lograda en una segunda vuelta, por la nula convicción de su asesor de campaña devenido en estratega de gobierno, de la mano de su Jefe de Gabinete, dada la necesidad de diferenciarse de los líderes históricos argentinos, providenciales y carismáticos, Mauricio Macri, como buen ingeniero, desechó alternativas políticas ya al inicio de su mandato presidencial y optó por otras que hoy lo hacen "caminar por la cornisa". 

En efecto, no optó por el camino de los acuerdos programáticos con la oposición; relegó en el poder, a unos pocos políticos tradicionales duchos en negociación legislativa; tampoco generó un plan macroeconómico integral de largo plazo ni de shock antiinflacionario en el corto, ni siquiera apeló a la movilización popular de respaldo en las calles, a través de los tres partidos de su Frente Cambiemos. 

Eligió otras herramientas absolutamente disímiles: ensayó un show-off de miniacuerdos coyunturales con los gobernadores peronistas, aunque también con Sergio Massa en la Legislatura bonaerense y en el Congreso Nacional pero sólo hasta diciembre del año pasado; prefirió a gerentes privados, de cierta experiencia en el manejo de empresas relativamente exitosas en el período de mayor sesgo antiempresario de épocas recientes -el kirchnerismo-; atomizando la autoridad técnica de Economía, apeló a iniciales medidas correctivas de los desastres "macro", heredados tras 12 años, con una lógica minimalista y gradualista en algunos campos y de ciertos vaivenes en otros, sin siquiera discutir la posibilidad de un esquema más ambicioso y, finalmente, se manejó en el plano comunicacional, con una gran confianza en un ejército de "trolls" en las redes sociales y el barrido de funcionarios con mucha presencia dialoguista en la vasta geografía territorial urbana argentina.



En esta gestión Macri -llena de "portadores de apellido" o "hijos de" (además del propio Presidente, Peña, Triaca, Frigerio, Rozitchner, Massot, Bullrich, Curuchet, Ferrari, etc.)-, no se puede apelar siquiera no sólo a una épica, como ya abusaba el kirchnerismo, si no, siquiera a ese pasado de orgullo que tenemos los argentinos, cuando entre 1880 y 1930, llegamos a estar entre las diez top naciones del mundo, en ingreso per cápita. El Ministro de Cultura, uno de los voceros intelectuales de este gobierno tan encaprichado con la racionalidad técnica, el pragmatismo y la ahistoricidad, llegó a afirmar, con una frialdad inconmovible, que esa nostalgia típicamente tanguera por un pasado de gloria, no es reivindicable y sí lo es el presente, como eje del futuro. Lo que no entiende Avelluto, es que los pueblos, todos sin distinción, aún en esta época de política 2.0, tienen estados de ánimo, una moral legítima y necesitan con frecuencia, cierto estímulo emocional aglutinador, lo cual, es indispensable máxime si se lo piensa convocar a un esfuerzo colectivo. No es una cuestión de "populismo", si no, de espíritu. Pero claro, esta gestión en esa materia, tan postmodernista, sólo cree en las bondades del orientalismo o de los monjes budistas, ni siquiera en el peso de la religión tradicional.

Es que en el fondo de estas alternativas escogidas, subyacen convicciones. El gobierno del Ingeniero Macri descree de la política tradicional; confía casi dogmáticamente en el reino de las nuevas tecnologías de la información y la imagen, en desmedro de la explicación de contenidos; recela de la necesidad de una autoridad técnica fuerte en materia macroconómica que opaque o compita con el rol presidencial, proclive sólo a "equipos" dóciles para con su figura -como buen hijo de empresario nacional- y, como si todo esto fuera poco, concibe que la única manera, sí, la única de que el "cambio" por el cual lo votaron en 2015, se puede concretar, es por la vía del diálogo y la no confrontación.

Sin embargo, desde el punto de vista electoral, en algún momento de estos casi dos años de gestión, se creyó desde los círculos más allegados al Presidente, tan habituado como se ufana en afirmar su gurú ecuatoriano, al éxito electoral desde hace una década -excepto el año 2011-. que una especie de atajo facilista por el cual, podría ser mejor atraída o seducida una sociedad cada vez más empobrecida  (material y culturalmente) y fragmentada como la argentina, sería la construcción artificial de una polarización entre el oficialismo y la ex Presidente Cristina Fernández de Kirchner. Más allá de la expresión de una parte importante de la opinión pública que presionó para que a CFK le quepa una condena equivalente a la que acaba de sufrir Lula Da Silva en Brasil, el gobierno de Macri no hizo nada en tal sentido, con la excusa de no querer vulnerar la independencia judicial, en contraste con décadas de intervencionismo antirrepublicano. 

El resultado de esta estrategia elegida, hoy está a la vista. Tras dos años, la economía se recuperó muy sectorialmente y a un ritmo mucho menor al esperado o, en todo caso, el gradualismo inyectado provocó una menos que gradual mejora, financiada una vez más, con mayor deuda externa, aún sincerando las variables que el kirchnerismo ocultó o manipuló durante más de una década. Han sido muchos los problemas políticos que ha enfrentado el gobierno, tanto en el plano legislativo, donde por ejemplo, se vio obstruido en la fundamental reforma política y electoral. No ha podido frenar la movilización callejera de grupos opositores, incluso la de aquellas organizaciones de desocupados y subocupados, financiados con dineros públicos. Tanto gerencialismo no redundó en una mejor gestión burocrática: por el contrario, se cometieron errores impropios de managers exitosos, como el reacomodamiento tarifario, recorte de pensiones de discapacidad, problemas con la seguridad presidencial, etc. Lo que es peor. se alentaron expectativas que se sabía que no podrían cumplirse como "la pobreza cero" y menos aún con un miniprograma gradualista; se generaron otras en las que se cumplió a medias, como la lucha contra el narcotráfico y abrupatmente, se contrapuso una realidad polarizante a la que sí se estaba satisfaciendo en el primer año, la de la "unidad de todos los argentinos", quizás la gran virtud no esperada de esta gestión, a priori, tan poco política.

Hoy, como se ha demostrado, producto de su propia elección, el gobierno se halla ante una cuesta empinada, aún no insalvable, considerando la ya demostrada capacidad revisora ex post de Macri -otro de sus aciertos a reconocer-. Solamente con un cierto respaldo internacional -simbólico- y ayudado por una oposición peronista fragmentada, esta Administración Macri que prefirió una estrategia electoral a una estrategia de gobernar, enfrenta los comicios de medio término, poniendo a los argentinos ante una gran disyuntiva no deseada, en el fondo, la misma de 2015, como si dos años no hubieran representado nada: el regreso político de CFK y con ella, la vuelta al abismo -o a la decadencia de 7 décadas del país- o, un triunfo de Cambiemos que permita reilusionar a los argentinos con la posibilidad de concretar las promesas postergadas. 

Pero en caso de que la realidad se incline a la segunda opción, requerirá de un Macri, mucho más autónomo de las encuestas y los gurúes, con una personalidad dispuesta a pagar todos los costos políticos y por ende, con mayor vocación de estadista.

REPORTAJE DE GERARDO "TATO" YOUNG A ROSENDO FRAGA SOBRE MACRI Y CFK. 

EL COSTO DE LA ESTATIZACION DE AEROLINEAS

EL DESARROLLISMO FRUSTRADO DE MACRI